01/03/2012

Cómplices del silencio: DIOS TENIA MIEDO, elPeriódico de Guatemala



Cultura


Cómplices del silencio

Juan D. Oquendo elPeriódico

Núñez, autora de Los locos mueren de viejos, reside en Guatemala y actualmente coordina talleres sobre literatura, además de estar escribiendo otra novela. Sin embargo, conversamos con ella sobre Dios tenía miedo, que se presentó en la Feria de Guadalajara bajo F&G Editores y que ahora se presenta en el país.


Una cita de Julio Cortázar abre el libro. ¿Por qué este autor?

– La cita, pese a que Cortázar es de mis autores favoritos, no la escogí por él en concreto. Una amiga mexicana había dejado su tierra para estudiar una beca en Brasil. Estaba triste. Se cuestionaba mil cosas sobre su patria y la situación actual. Le causaba conflicto estar lejos y no poder hacer nada por México. Una madrugada de insomnio me envió esa cita de un poema de Cortázar. Le dolía su país, tanto como a mí el mío. Ahora que presenté el libro en Guadalajara, ella me acompañó y yo leí la cita. Fue muy emocionante para ambas. A los latinoamericanos nos duelen nuestras patrias porque 200 años después de su creación, seguimos sin saber quiénes somos.


¿Por qué trabajar la guerra civil salvadoreña desde la óptica de quienes no participaron en ella?

– Porque una guerra afecta a todos, y solo los bandos involucrados habían reclamado derechos sobre ella y sobre el dolor provocado por la misma. Pero quedarse paralizada, solo viendo los horrores, también es doloroso. Creo que esta historia no se había contado. Primero porque muchos creían que no había nada que contar. Segundo, porque muchos tenían –tienen– miedo. Y cuando se tiene miedo, o se huye o se ataca. En este caso la gente se lanza contra otros, sin entender que lo que les está impulsando es el miedo y no la necesidad de defender ideales que, al fin y al cabo, ni siquiera nos han pertenecido nunca.


¿Qué relación tiene usted con esta guerra?

– Crecí en ella. La guerra abarcó una buena parte de mi niñez y adolescencia. De los 5 a los 19 años. Mi generación y yo no conocimos otra cosa. Y creíamos que era normal vivir así. Mi familia, como muchas otras, se pensaba apolítica. Jamás hablábamos de la guerra en profundidad. Y el silencio termina por hacerte cómplice.

¿A qué se refiere el título “Dios tenía miedo”?

– A un tiempo de locura. La palabra Dios encierra una serie de normas que durante la guerra se transgredieron. A muchos de los que se llamaban cristianos les pareció bien y justo que un francotirador matara a monseñor Óscar Arnulfo Romero mientras oficiaba una misa. Creyeron que eliminándolo, eliminarían sus ideas. Y no fue así. Su Dios, el de los asesinos y de los cómplices en el silencio, estaba aterrado. Es una forma de ilustrar que durante la guerra dejamos de saber quienes éramos. Por eso, hasta Dios pagó la factura.


¿Cómo surge esta novela?

– Desde siempre quise escribir sobre mi país y sobre ese monstruo que aparece donde menos me lo espero. Comencé a leer mucho sobre la guerra. A preguntar. Me di cuenta de que hay tantas guerras salvadoreñas como personas. Que no existe “una” guerra, sino varias. Así que opté por contar la mía. Me fui a leer periódicos y libros de diversas fuentes. Había que saber leer entre líneas. La realidad estaba muy deformada. Y no digo que yo haya logrado encontrar la verdad, pero al menos sí tener clara mi película.

¿Le obsesiona a usted como escritora el tema de la guerra como a su protagonista?

– Creo que a todos los salvadoreños de mi generación, por mucho que lo disimulen, nos obsesiona la guerra. Precisamente porque aún no la comprendemos. Es una sombra sin forma. Algo que nos marcó, que conocemos qué sabor y qué olor tiene, pero no sabemos cómo nombrarla. Somos una generación especial y espero que de nosotros salga el cambio. Tengo mucha fe en ello. Pero antes, tendremos que hacer un gran esfuerzo por desmontar los mitos y los prejuicios, y esto solo es posible mediante la información que aún hoy día, muchos se resisten a escuchar.

Guatemala, jueves 01 de marzo de 2012

28/02/2012

DIOS TENIA MIEDO: Leer es un placer, por Ángel Elías

Leer es un placer

La escritora salvadoreña Vanessa Núñez Handal presenta su segunda novela, Dios tenía miedo. El libro resume la vida de una joven salvadoreña nacida en la clase media.

Natalia, la protagonista, ve el desarrollo del conflicto armado en El Salvador, y el relato resume cómo la juventud salvadoreña percibió la guerra.

El conflicto armado en Centroamérica afectó a buena parte del Istmo. De allí se derivan relatos y testimonios narrados, según la autora, por fuentes que vivieron ese enfrentamiento. Núñez narra la vida de la clase media salvadoreña que no quiso conocer la realidad social de su país.

El libro

Dios tenía miedo trata de desvelar la postura de los bandos, de la guerrilla y el Gobierno, además del rol de la Iglesia para mediar.

Los prejuicios sobre el origen y las consecuencias del levantamiento en armas en Centroamérica son parecidos en todos los países: desigualdad, falta de oportunidad y las tierras en pocas manos.

Esta historia es muy similar en los países que sufrieron las guerras civiles. Vanessa Núñez, a través de entrevistas y relatos de quienes vivieron la guerra, arma una novela llena de angustia y recuerdos inconclusos.

“¿Te imaginás lo que nos hubiera pasado si un régimen comunista nos hubiera sido impuesto? Habríamos sido como China, todos vestidos igual y comiendo lo mismo”, inicia uno de los capítulos del libro.

“El relato trata de explicar lo sucedido, donde la memoria histórica es muy difusa y a veces inexistente”, argumenta la trama del libro.

La guerra ha sido en estos países ese tema tabú que no se puede hablar en la sobremesa.

Los centroamericanos se vieron involucrados en una guerra que no pidieron, poniendo los muertos, sin importar al bando al que servían.

Dios tenía miedo es un libro que ayuda a la reflexión, que aunque no se encuentra enmarcado dentro de la novela histórica, sí ayuda a tratar de entender la lucha de la década de 1980.

Esta historia es muy similar en los países que sufrieron las guerras civiles.

El libro no toma partido, simplemente detalla lo que el salvadoreño relata en su silencio.

Vanessa Núñez Handal nació en El Salvador, en 1973. Su primera novela se titula Los locos mueren de viejos (2008).

Ha publicado relatos en distintos países de Latinoamérica.

http://prensalibre.com/vida/LEERES-PLACER_0_653934637.html

DIOS TENIA MIEDO: Todos tenían miedo a la guerra por Francisco Ancheyta

fancheyta@siglo21.com.gt


En la novela Dios tenía miedo, partida a cuadros como un cartón de lotería, la escritora salvadoreña Vanessa Núñez Handal, nos regresa a los oscuros años de la guerra que se vivió en su patria.

Las estampas nos reflejan esa realidad tan común en los países centroamericanos, donde atribulados por el miedo nadie se atreve a hablar, estén en el cualquier lado del espectro ideológico.

Esa actitud no ha sido superada todavía. Los estragos de la guerra aún mantienen la cicatriz del terrorismo, impregnada con la saña del poder. Publicada por F&G Editores, la novela nos muestra con claridad cuál era la actitud de la clase media salvadoreña: darle la espalda a una realidad que laceraba las conciencias y que ante lo crudo de la violencia mejor se hacía la desentendida, por el temor de perder lo poco que le aseguraba la existencia.

Núñez Handal no escatima palabras para dar a conocer cómo pudo superar la gente de su estrato social ese infierno llamado guerra civil, en la cual se enfrentaron las fuerzas militares en defensa del orden establecido y los guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que querían deshacerlo todo y rearmar un nuevo país.

Al final, como bien lo deja entrever el relato, nadie ganó, sino que ambos grupos de contendientes tuvieron que conformarse con hacer pequeñas reparticiones de poder, para continuar con la misma vida de siempre, sólo que ahora atrapados en la vorágine de la delincuencia común.

Para mi gusto, la novela todavía refleja ese temor. La autora no se atreve a romper con el tabú de decantarse por una posición política y se queda en el filo de la navaja.

Como sea, Dios tenía miedo vale mucho como un material psicológico, desde la literatura, pues nos enseña con claridad hasta dónde la guerra, cruel e inhumana, dejó dividida la sociedad del hermano país.

Nos muestra, asimismo, cómo el miedo fue por muchos años el compañero cotidiano de los habitantes de esta sufrida región, quienes aprendieron a convivir con esa pesadilla, pese a que en su fuero interno la rechazaban.

El título de la novela parece una exageración, pero no lo es. Esa fue la realidad en una época en la cual el sufrimiento alcanzó niveles intensos. Lo peor de todo es que fue causado por humanos sobre humanos.

http://www.s21.com.gt/opinion/2012/02/28/todos-tenian-miedo-guerra

22/01/2012

Machismo, remedio infalible para la frustración.

El tipazo se acaba de soplar un chiste machista, de los que no hay. Extrañamente, las que más ríen son las mujeres.

Una de ellas, sin embargo, con el rostro serio lo increpa:

–¿No te parece que es una falta de respeto para todas nosotras, lo que acabas de decir?

El tipo no tiene necesidad de hablar.

–Hay, niña. Ya vas vos con tus cosas. ¡Si aquel sólo estaba bromeando! ¡No seás tan feminista!

Y la cruda realidad es esa: aquel sólo bromeaba, y éstas no atinan a discernir que detrás de cada broma se esconde una realidad tan cruda, que precisamente por ello hay necesidad de revestirla de chiste.

Por esta razón los afroamericanos no toleran chistes referentes al color de su piel ni su pasado de explotación, por eso los judíos han incluso obligado a ciertas naciones a crear leyes que penen con prisión los chistes antisemitas.

Sólo las mujeres, por extraño que parezca, seguimos riéndonos y siguiéndoles la corriente a los machistas. ¿Por qué?

Lo primero que hay que comprender, es que el machismo no es cosa de hombres. Es un sistema de vida, tan complejo y mucho más antiguo que cualquier sistema religioso. Esto hace que muchas mujeres no logren identificar que ha sido construido para beneficiar a cierto grupo de la humanidad y que las cosas no siempre han sido así, y que no tienen porqué seguir siéndolo.

Se trata de un sistema de poder, donde las garantías las tienen los que poseen el color de piel adecuado, el dinero y el género indicado. El fin no es sólo estar en la cumbre, sino (y sobre todo) no permitir que otros lleguen.

Con el machismo se garantiza que por lo menos el 50% de la población (las mujeres) quede por automático descartado de llegar o si quiera competir. Para el otro 50% ya habrá otros factores que puedan ser ejercidos para descartarles, como el color de la piel, su procedencia social, su educación, su religión, orientación sexual, etc. Es decir (¡o sorpresa!) que los hombres también son víctimas del machismo, y aún así lo defienden y lo ejercen.

Pero aquel 50% que no tuvo oportunidades de nada, se encuentra permanentemente lleno de resentimiento. Les indigna que una de ellas pueda llegar a triunfar o brillar.

Esto explica que los juicios emitidos en contra de las mujeres políticas, por ejemplo, sean más destructivos que contra los hombres. Y claro, se les exige cosas que jamás les serían exigidas a un ser del género masculino, como belleza, santidad, etc.

Así, bastará llamar a una mujer loca, mala madre, mala esposa, lesbiana, amoral, disoluta, golfa, puta, y toda la gama de adjetivos que, bien sabido es no se aplican a los hombres, para deshacerla como persona, sin tomar en cuenta sus ideas o sus posibles aportes. Aquí lo importante es destruir, no debatir.

En otras palabras, cuando aquel 50% de frustradas ataca a otra que ha triunfado, lo que en verdad está haciendo es defendiéndose de su propia incapacidad de avanzar en la vida. Hay que hacer pagar a las iguales por las pestes propias, que son muchas dado el machismo. Y no hay que dejar que ninguno (sobre todo si es mujer) ascienda más de la cuenta, porque pondrá en evidencia la impotencia propia. Impotencia que claro, se disfraza con cinismo, críticas, desplantes, insultos, difamaciones, etc.

Y es ahí cuando vemos a una suegra que, víctima de maltrato familiar, enseñó a su hijo a maltratar a su esposa. O a una alta ejecutiva que humilla a sus subalternas, a fin de hacerles pagar con sangre el derecho de piso.

En definitiva, las mujeres NO reproducimos el sistema machista. El machismo se reproduce solo. Tiene mil tentáculos y millones de cómplices. Muchos de los cuales a su vez, son sus víctimas.

Llega a tales niveles de maquiavelismo que a muchas mujeres se les hace incluso creer que, defendiendo los derechos de los hombres, están defendiendo los propios. Y que defender los propios es cosa de viejas locas y feministas. Por eso se quedan calladas y humilladas, por eso no alzan la voz para defenderse, por eso le arruinan la vida a otra (y hasta les parece divertido y buen tema para un té, fiesta o primera comunión) y por eso mismo, creen que al defender el sistema machista y patriarcal, se hacen mejores mujeres y más deseables, cuando lo que en verdad están logrando, es que su propia miseria y su marginalidad sean cada día más grandes.

21/01/2012

Homenaje al insulto literario

Sin lugar a dudas, “el medio”, por paradójico que parezca, es siempre extremo. Donde el ego juega una mala pasada a aquellos embrutecidos por un poco de fama, no queda más que un ridículo estrepitoso. Es, ha sido y será siempre así. Y para muestra, he aquí una colección de insultos proferidos por famosos escritores en contra de otros famosos escritores. Algunos de los cuales dejan en el más absoluto ridículo a quien los profirió, pues el tiempo, los lectores y la historia, se han encargado de desvirtuarlos.

Tomados del blog de Patricio Pron, quien la semana pasada rindió homenaje al insulto, deléitense ustedes con estas bellezas:

Gustave Flaubert sobre George Sand: "Una gran vaca rellena de tinta."

Lawrence Durrell sobre Henry James: "Si tuviera que elegir entre leer a Henry James y que apretaran mi cabeza entre dos piedras, elegiría lo segundo."

¡Absalón, Absalón! de William Faulkner de acuerdo a The New Yorker: "La explosión final del que alguna vez fue un talento menor pero notable".

James Dickey sobre Robert Frost: "Si alguien dijera que alguna cosa que escribí fue influenciada por Robert Frost, cogería esa obra mía, la trituraría y la tiraría por el inodoro con la esperanza de no obstruir las tuberías."

James Gould Cozzens sobre John Steinbeck: "No puedo leer diez páginas de Steinbeck sin vomitar."

La obra magna de Miguel de Cervantes de acuerdo con Martin Amis: "La lectura de El Quijote se puede comparar con la visita por tiempo indefinido del más inaguantable de tus parientes viejos, con sus bromas, sus sucios hábitos, sus reminiscencias imparables y sus espantosos amigotes."

Gustave Flaubert de acuerdo a Le Figaro: "El señor Flaubert no es un escritor".

Edgar Allan Poe según Henry James: "El entusiasmo por Poe es la marca de un estadio decididamente primitivo de reflexión."

Nathaniel Hawthorne sobre Edward Bulwer-Lytton: "Bulwer me produce asco: es el grano mismo de las patrañas de la época. No hay esperanza para el público en tanto siga teniendo un admirador, un lector o un editor."

Las flores del mal de Charles Baudelaire de acuerdo a Émile Zola: "Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura francesa, sólo mencionarán esta obra como una curiosidad".

Émile Zola según Oscar Wilde: "Monsieur Zola está decidido a mostrar que, si carece de genio, al menos puede ser aburrido".

16/01/2012

Arte y cultura: una solución para la desmemoria salvadoreña - ElFaro.net

El Faro.net
Ensayo

Cuando un pueblo olvida su historia, su futuro corre muchos riesgos. La escritora y académica salvadoreña Vanessa Núñez Handal nos sugiere un antídoto.

"...¿qué ocurre en naciones donde el arte y la cultura son vistos como entretenimientos sin sentido, donde las manifestaciones culturales se consideran un simple artículo decorativo, donde las obras artísticas son tratadas con desdén y desechadas como si de cascajo se tratara?

Estos pueblos, dentro del cual incluyo sin dudar a El Salvador, están condenados a la desmemoria, a no conocer su historia, a no saber quiénes son, a no tener ideas fijas, a no poder tomar acuerdos en conjunto y, en definitiva, a no ser una nación. Se trata de pueblos divorciados de sí mismos, de su identidad y de su historia, incluso de la más reciente."

Para leer todo el artículo, haga click en el siguiente vículo:

Arte y cultura: una solución para la desmemoria salvadoreña - ElFaro.net

11/01/2012

"Dios tenía miedo", por Luis Guillermo Ibáñez

Les dejo una reseña que Luis Guillermo Ibáñez escribió en su blog sobre mi novela "Dios tenía miedo". Sobra decir que me encanta el nombre del blog. También pueden leer el post aquí:


"Dios tenía miedo", de Vanessa Núñez Handal

Por Luis Guillermo Ibáñez/Camarón que se duerme, amanece sin ojeras
Esta novela, publicada recientemente por la escritora salvadoreña Vanessa Núñez Handal, que ya antes nos había dejado impactados con su primer trabajo publicado Los locos mueren de viejos, reune la historia de Natalia, una mujer con su vida ya realizada pero que carga con el fantasma de la Guerra Civil salvadoreña en la memoria, y la culpa en el corazón, por haber pasado como volando todos esos años, "mientras otros peleaban allá en las montañas".

Ella relata sus recuerdos, desde el lente que podía hacerlo porque fue suyo: Su lugar de niña y adolescente clasemediera, desde donde describe el conflicto, con todo su horror, y reflexiona sobre este. Tras tirar la cortina de humo que sus padres se esforzaron por poner delante de sus ojos para que nunca viera la realidad que estaba tras las ventanas de su casa que "se convirtío en una fortaleza", Natalia decide investigar sobre aquellos años de miedo, donde hasta su Dios, que es uno reservado, con temblor en las piernas, se volvió cobarde. Es a través de consultas a los archivos de la UCA, donde encuentra periódicos de la época, que desenvuelve secretos directamente relacionados con la desaparición de su primo Edgardo, y desentraña la verdad del conflicto que tantas noches le ha robado el sueño, y que la persigue conviritendose en una pesadilla aun cuando ella está despierta, afectando incluso su vida familiar.

En la novela, que me parece muy bien documentada y, por demás, bien lograda, se alternan entrevistas de Natalia a conocidos suyos, conferencias, fragmentos de periódicos, rótulos, gente anónima que cuenta su historia, la que nunca pudieron sacar del pecho por temor. La novela se convierte en un collage que, a ratos, recuerda a La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.

Esta es la segunda novela que Vanessa Núñez Handal publica, con el sello F&G EDITORES, y que la coloca ya en un buen lugar dentro de las letras salvadoreñas, y , claro, centroamericanas.

Usted puede leer las primeras páginas de esta novela siguiendo este enlace:

http://www.fygeditores.com/imagenes/Diosteniamiedo/Diosteniamiedo(1)(2).pdf


Enhorabuena, pues, por Vanessa y su increible novela, y también, por la literatura salvadoreña, que consigue, con ella, a una escritora que también hace historia.

03/01/2012

CARTA DE PROTESTA POR LA DESTRUCCION DEL MURAL DE FERNANDO LLORT




El pasado viernes 30 de diciembre del 2011 las autoridades de la Iglesia Católica, junto con la empresa Servicios Inmobiliarios Molina, destruyeron el mural “La armonía de mi pueblo” del artista Fernando Llort que se encontraba en la fachada de la Catedral metropolitana. Dicho mural constituía un invaluable patrimonio artístico emblemático de la ciudad de San Salvador.


El mural fue dedicado por el artista a monseñor Óscar Arnulfo Romero. Estaba formado por 2,700 azulejos en cerámica de 25 centímetros cuadrados cada uno. “En el mural está representado alegóricamente el pueblo de Dios, el nuevo hombre y la nueva mujer con los instrumentos que utilizan para su trabajo, los ángeles guardianes, la paloma, símbolo de la paz y, coronándolo todo, una representación de la Última Cena y el símbolo de Dios”, dice el sitio web del máximo templo católico del país. Para crear el mural, el artista trabajó junto con su familia y artesanos moldeando, dibujando y pintando a mano cada uno de los mosaicos a lo largo de un año, para luego instalarlos en la fachada de catedral en 1997, hace 14 años. Su realización fue gracias al aporte de la comunidad católica que con su aprobación y aporte monetario lo hizo posible.


Leer la carta de protesta completa aquí.

22/12/2011

"Dios tenía miedo", la novela de Vanessa Núñez Handal, fue el libro más vendido en el stand centroamericano en la Feria Internacional de Guadalajara.

"Dios tenía miedo", la novela de la escritora salvadoreña Vanessa Núñez Handal, fue el libro más vendido en el stand centroamericano en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Dios tenía miedo es la historia de Natalia, una joven de clase media salvadoreña que, luego de vivir de espaldas a la guerra civil que durante los ochenta azotó a El Salvador, descubre que no todo lo que sa­be sobre la misma es verdad.

Un doloroso secreto se cierne sobre su familia y la desaparición de su primo Edgardo.

Es mediante periódicos de la época, en­trevistas a conocidos y personas que vi­vieron el conflicto que ella logra armar la verdad de lo ocurrido durante aquellos años de locura y muerte.

La verdad de lo que descubre, sin em­bargo, resulta tan angustiante como la guerra misma. Dios tenía miedo es la versión de los que nada tuvieron que ver en ella, pero que por miedo acabaron siendo cóm­plices de los más fuertes.

Los católicos (salvadoreños) que dicen ser fieles a su religión, pero admiran a D'aubuisson...

Si de algo puede estar orgullosa una escritora, es de tener amigas inteligentes. Y sí, ésta es otra de ellas. También de años y con quien he conversado muchos de los temas que aparecen en la novela. He aquí sus comentarios. Gracias, porque sus palabras hacen que haya valido la pena escribir esta novela. Un abrazo.

"Quiondas! Acabo de terminar tu libro ("Dios tenía miedo"), me gusto mucho, mi personaje favorito: siiiii Jimena.

Me gusto mucho la parte cuando esta en la iglesia reflexionando sobre su Dios y el Dios de los que sufren, me acorde justo de los catolicos aca que dicen ser bien fieles a su religion pero admiran a D'abuisson que estuvo involucrado en la muerte de Monsenor Romero. Bueno te felicito porque de verdad nadie se habia atrevido a presentar este tema desde ese angulo que tu lo presentas, desde el punto de vista de nosotros los dormidos y los que tenemos miedo. Gracias por darnos voz. Me parece un trabajo importante que espero sea leido con mente abierta y que genere mas discusion sobre este tema. Lastimosamente este pais sigue en guerra. Estoy de acuerdo parcialmente con que los actores son otros. Si, pero no. Mas bien creo que son actores reciclados. Por un lado EEUU imponiendose siempre con su poder economico, ahora con programas como FOMILENIO, el Asocio por el Crecimiento y no se que mas, los cuales no dudo tendran alguno puntos positivos pero en el fondo sigue siendo una forma de dominio sobre nosotros; los grupos de poder siempre manipulando la palestra politica y nuestras instituciones, y los nuevos "rebeldes" el crimen organizado, y las pandillas que ironicamente son producto de la vieja guerra, los hijos de lo que emigraron y los que desesperados por la falta de oportunidades dignas optan por esos caminos. Y nosotros los que estamos en medio, habremos cambiado me pregunto yo? O habremos reciclado tambien nuestra forma de darle la espalda a esta nueva guerra? Cuando venis a ES? Espero que podamos seguir conversando, me regreso el 5 de enero, ojala pueda lograr ir a tu presentacion! De nuevo felicidades y te deseo mucho exito!

Abrazo."

"Las causas de la guerra (de El Salvador) siguen aquí y todos cargamos hoy con fantasmas que tratamos de silenciar."

Una amiga muy querida y de muchos años, me envió esto. Quería compartírselos. Si una de escritora aspira a algo, no es a vender (como dijo un desubicado por ahí), si no a compartir ideas interesantes. Gracias mi amiga, cuyo nombre me reservo por obvias razones, por dejarme saber que aún podemos resolver lo que los salvadoreños dejamos inconcluso hace tantos años.

"Hola Vane:

Acabo de terminar de leer tu libro. No sé en qué momento he comenzado a llorar e incluso a hora mientras te escribo no puedo para de hacerlo. Cuando las lágrimas empezaron a salir traté de detenerme para encontrar la lógica de esta emoción que me desbordaba. Pero, rápidamente, me dije que lo mejor era seguir leyendo y dejar todo salir.

La respuesta me llegó en la página 127, las causas de la guerra siguen aquí nada en realidad ha cambiado y todos cargamos hoy con fantasmas que tratamos de silenciar. Leer "Dios tenía miedo" le ha dado un espacio a esos fantasmas para rondarme y recordarme que por más que los refunda ellos siguen allí esperando su momento de salir. No hemos hecho las paces, no ha habido conclusión entre nosotros. No llegó con los acuerdos de paz y no tengo idea de cuándo llegará. Me aflige que esta sea la sensación que sentimos todos los salvadoreños.

Yo también me siento incómoda hablando de política, ya lo hemos comentado. Prefiero hablar de sentido común, de soluciones, de propuestas. Quién escucha? me pregunto.

Qué es peor Vane, no saber por vivir aislado de la realidad o saber y no hacer nada?

Te mando un abrazo. Felicidades por el libro. En mi humilde opinión, bien logrado, buen mensaje.

Un abrazo."

21/12/2011

Un cuento triste para navidad.

Wendy García Ortiz, periodista y escritora guatemalteca, coordinó un suplemento de fin de año para Magacín Siglo 21. Se trata de una reunión de cuentos sobre eso, precisamente: estas vísperas y los diversos sentimientos (encontrados) que provocan. He aquí mi contribución a este suplemento: El estreno. Un cuento basado en una historia real.

Pd.: Me encanta la ilustración que le acompaña.


Yo en El Faro.

Les dejo una entrvista que Elmer Menjívar me hiciera para El Faro, en la mera Feria Internacional de Guadalajara, 2011, donde presentamos mi segunda novela: "Dios tenía miedo". Pueden leerla completa en este enlace.

Vanessa Núñez Hándal, académica y novelista salvadoreña

"Ya ves que en El Salvador no hay chance de estar en medio"

Vanessa Núñez Hándal es una escritora de 38 años y una abogada con una maestría en literatura. Vive en Guatemala desde hace 10 años, desde donde ha publicado dos novelas con F&G Editores: “Los locos mueren de viejos”, en 2008, y “Dios tenía miedo”, en 2011. Ambas han sido presentadas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la última de ellas el pasado 30 de

30/10/2011

Centroamérica o el Istmo de los millones de NADIES

Leí en El País un artículo sobre un economista que da clases de música a muchachos de escasos recursos en Venezuela. Cuenta cómo los jóvenes de los barrios pobres que se integran a la orquesta del sector, se convierten en personajes de sus colonias. El sólo hecho de que el maestro los visite en sus casas o que los vecinos los vean acarrear sus instrumentos por la calle o en el transporte público los hace diferentes, dice. Y menciona una frase de Teresa de Calcuta, que me llegó al alma:
“La verdadera pobreza no es la falta de pan, ni de techo. La verdadera pobreza viene de la sensación de no ser nadie.”
¡Dios mío!, me dije. ¿Y qué otra cosa, si no esta sensación espantosa es la que perciben millones de jóvenes (y adultos resignados) en estos nuestros pequeños países de desigualdad y falta de oportunidades? ¿Acaso no es ésta la explicación de las Maras?¿Acaso no es ésta la explicación de la delincuencia común? Los psicólogos, sociólogos y los analistas lo vienen diciendo hace tanto, que ya nos suena a cantaleta. La desintegración familiar, la falta de apoyo, la falta de identidad, dicen. Pero va más allá: una familia que no sea tal, que no sea firme, que no tenga identidad por sí misma, no puede ser de mucha ayuda para nadie.
Y, si bien la familia es la célula básica de la sociedad, también la sociedad es el “cuerpo” en el que queda inmersa toda familia. Y basta observar nuestra sociedad superficialmente para concluir que, ésta no puede dar otra cosa que familias afectadas ante las injusticias y las desigualdades sociales.
Porque una sociedad donde la educación, la comida, las medicinas, la atención de salud, el entretenimiento, la política, la cultura, la justicia, la higiene, la seguridad, etc., sólo sea para unos cuantos, no puede generar sentimientos satisfactorios y muchos menos de inclusión.
En nuestros países existen millones de NADIES. Millones de personas que son pobres, no sólo en la literalidad de la palabra, sino también en el sentido en que Teresa de Calcuta lo empleó: se pueden morir y a nadie le importan. Viven y mueren con la espantosa sensación de no ser nadie.
¡Dios mío!, vuelvo a pensar. O sea que la solución de nuestros problemas es muchísimo más complicada de lo que nos imaginamos. Nuestra pobreza ─además de ser palpable y real─ está en el alma. Labrada de a poco con miles de alfileres históricos, sociales, culturales. Se trata de minúsculas heridas que, para sanar, necesitarían algo tan sublime como hacer sentir a cada miembro una pieza importante dentro de esta sociedad apática. Una sociedad egoista que, ya de por sí, niega lo que Alberto Masferrer llamó “el minimum vital”.

28/10/2011

Música de fondo y otras locuras para no enloquecer

Recuerdo el día en que la maestra de religión pronunció una frase espantosa:

Si ustedes creen dijo que la vida tiene música de fondo, están absolutamente equivocados.

En un inicio creí que era una broma. Pero las profundas arrugas que enmarcaban su boca y mentón, y sus enormes lentes de carey, delataban que la señora hablaba en serio.

Yo, y casi puedo verme, con shorts, t-shirt y el cabello revuelto como solía tenerlo a los siete años, cerré los ojos. Imaginé la escena agringada de siempre: un chico rubio, de suéter rojo y jeans, tomado de la mano de una chica pelo castaño, y minifalda. La luz de la luna reflejándose sobre la piscina del jardín. Él acercándose y… ¡Qué importa!, me dije al tiempo que abría los ojos. Total, no hay música de fondo, pensé.

Y esa afirmación me marcó. Quería decir muchas cosas. Y así lo entendí.

Miré a mi alrededor. A nadie más, excepto a mí, parecía haber causado gran impresión aquel baldazo de existencialismo.

Creo que ahí comencé a pensarme las cosas más en serio. ¿Si la vida no tenía música de fondo, de dónde sacaba una las ilusiones para vivirla con alegría? Además, ¿de dónde me había creído yo que la vida era musicalizada? ¿Vivían los otros de la misma forma, o cada uno estaba condenado a vivir su propia burbuja de realidad? En fin… creo que si no hubiera habido guerra en aquellos años en El Salvador, y de no haber estado las carreras humanísticas tan censuradas, capaz me habría hecho filósofa y no escritora. Quién sabe.

Con los años pude darme cuenta, sin embargo, que aquella maestra de catecismo que nos hizo llorar a muchos debido a sus abusos y conductas extrañas, había vivido una vida de amargura y soledad. Años después, me contaron, hubo que llamar a la policía a fin de sacarla de la escuela pues, enloquecida, se aferraba a un trabajo del que hacía varios meses había sido despedida.